
¿Cómo le fue en la escuela? 5 estrategias para lograr que tu hijo te cuente su día
¿Cómo le fue en la escuela? Seguramente te ha pasado: recoges a tu hijo en el colegio, lo saludas con entusiasmo y lanzas la pregunta de rigor: “¿Cómo te fue hoy?”. La respuesta, casi mecánica, es un escueto: “Bien”. Intentas profundizar con un “¿Qué hiciste?” y recibes un “Nada” o “No me acuerdo”. Esa barrera invisible puede ser frustrante para los padres que desean participar en la vida escolar de sus hijos, pero la clave para derribarla no está en preguntar más, sino en preguntar mejor.
En Meraki École, entendemos que el aprendizaje no termina cuando suena el timbre. Sin embargo, para que un niño comparta su mundo, necesita sentirse invitado, no interrogado.
1. El error del interrogatorio inmediato
¿Cómo le fue en la escuela? Imagina que terminas una jornada laboral intensísima, llena de reuniones, resolución de problemas y ruidos. Te subes al coche y, antes de cerrar la puerta, alguien te pregunta: “¿Qué fue lo más productivo que hiciste hoy? ¿Con quién hablaste? ¿Qué aprendiste?”. Lo más probable es que tu cerebro pida un respiro.
A los niños les pasa lo mismo. Vienen de procesar miles de estímulos, reglas sociales y carga cognitiva. A menudo, el “No me acuerdo” es una respuesta de protección ante el cansancio cognitivo.
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El respeto al silencio: A veces, el mejor catalizador para una conversación es un trayecto a casa en silencio, un refrigerio o un abrazo largo. Deja que su cerebro pase del “modo estudiante” al “modo hogar” antes de exigirle información.
2. Cambiando el guion: Preguntas de “Puerta Abierta”
Las preguntas generales obtienen respuestas generales. Para obtener detalles, debemos ofrecer curiosidad específica. El objetivo es activar el hipocampo (memoria) y el sistema límbico (emociones) del niño.
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Busca el detalle curioso: En lugar de “¿Cómo te fue?”, prueba con: “¿Qué fue lo más gracioso que pasó hoy en el recreo?” o “¿Hubo algo que te sorprendiera mucho en clase?”.
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Enfócate en la emoción: El pensamiento crítico y la inteligencia emocional van de la mano. Pregunta: “¿Hubo algún momento en el que te sentiste muy orgulloso de ti mismo hoy?” o “¿Hubo algo que te hiciera sentir un poco triste o enojado?”.
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La técnica de “La Rosa y la Espina”: Este es un ritual excelente para la cena. Cada miembro de la familia comparte su “Rosa” (lo mejor del día) y su “Espina” (lo más difícil o un reto). Al hacerlo tú primero, normalizas que los días tienen luces y sombras.

3. La técnica del “Modelaje” (Dar para recibir)
La comunicación es una calle de doble sentido. Si queremos que ellos sean vulnerables y detallistas, nosotros debemos serlo primero.
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Comparte tu día: Cuéntale algo de tu jornada en términos que él pueda entender: “Hoy tuve un reto en el trabajo porque no me salía una idea, pero mi compañera me ayudó y me sentí mejor”.
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Crea horizontalidad: Al compartir tus propios retos y alegrías, dejas de ser la “autoridad que supervisa” para convertirte en un ser humano que conecta. El niño siente que la conversación es un intercambio real, no un examen oral.
4. Lectura del lenguaje no verbal y el “Juego Paralelo”
A veces, la mejor conversación ocurre cuando no nos estamos mirando directamente a los ojos. Muchos niños (especialmente los más introvertidos o los que están en etapas de reafirmación) se sienten intimidados por el contacto visual directo durante preguntas personales.
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Aprovecha la actividad física: Habla mientras caminan, mientras juegan con bloques o mientras dibujan juntos. El “juego paralelo” relaja las defensas del niño y permite que las palabras fluyan de forma natural mientras sus manos están ocupadas.
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Observa el cuerpo: Si notas que arrastra la mochila o evita el contacto visual, quizás no es el momento de hablar del colegio, sino de ofrecer contención física y validación emocional.
5. Escucha Activa: No resolver, solo estar
¿Cómo le fue en la escuela? Cuando finalmente logras que tu hijo te cuente algo (por ejemplo, que tuvo un problema con un amigo), el instinto de padre es saltar al “Modo Solución”: “Bueno, dile a la maestra” o “Mañana juega con otro niño”.
Para mantener el canal abierto a largo plazo, debemos validar antes de solucionar.
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Escucha: Deja que termine, incluso si hay silencios largos.
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Valida: “Eso suena como un momento difícil, entiendo por qué te molestó”.
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Pregunta: “¿Cómo crees que podrías manejarlo mañana? ¿Necesitas que te ayude con alguna idea?”.
Conclusión: Construyendo un puente de confianza
¿Cómo le fue en la escuela? Lograr que tu hijo te cuente su día no es una técnica de espionaje; es un acto de amor y paciencia. En Meraki École, creemos que cada conversación es una oportunidad para fortalecer el vínculo y fomentar la capacidad del niño para reflexionar sobre sus propias experiencias.
La próxima vez que el “Bien” aparezca en la conversación, no te rindas. Cambia el enfoque, ofrece tu propia historia y, sobre todo, mantén la puerta abierta. El día que tu hijo sienta que su historia es valorada sin ser juzgada, ese día dejará de responder con una palabra y empezará a compartir su mundo.



