
¿Tu hijo no quiere compartir? No es egoísmo, es crecimiento
¿Tu hijo no quiere compartir? No es egoísmo, es crecimiento. No hay momento que ponga más a prueba la paciencia (y el orgullo) de un padre que cuando su hijo se aferra a un camión de plástico en el parque y grita: “¡Mío!”, mientras otro niño llora al lado. La reacción instintiva suele ser la vergüenza, seguida de un “¡No seas egoísta, comparte!”, o peor aún, quitarle el juguete para dárselo al otro niño.
Sin embargo, en Meraki École vemos esta situación de forma distinta. No es falta de educación; es una etapa vital del desarrollo. La generosidad no es un interruptor que se enciende, sino una habilidad compleja que se cultiva con respeto y tiempo.
1. La Ciencia detrás del “Mío”: El Egocentrismo Evolutivo
Entre los 2 y los 4 años, los niños atraviesan una etapa de egocentrismo natural. Esto no significa que sean “malos” o “egoístas” en el sentido adulto; simplemente, su cerebro está enfocado en descubrir su propia identidad.
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El objeto como extensión del “Yo”: Para un niño pequeño, sus juguetes son parte de su identidad. Perder el juguete se siente, literalmente, como perder una parte de sí mismos.
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Falta de concepto del tiempo: Su cerebro aún no procesa bien el “futuro”. Para ellos, “prestar” un juguete no significa “lo recuperaré en 5 minutos”; para ellos, el objeto ha desaparecido para siempre de su realidad.
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2. Por qué “Forzar a Compartir” es contraproducente
Aunque forzar el intercambio parece una solución rápida para evitar el conflicto, suele enseñar las lecciones equivocadas:
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Enseña que el más fuerte manda: El niño aprende que si alguien más poderoso (el adulto) quiere algo, puede quitárselo por la fuerza.
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Genera resentimiento: En lugar de sentir empatía por el otro niño, el niño desarrolla rechazo hacia él porque lo asocia con la pérdida de su juguete.
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Interrumpe el aprendizaje: Los niños a menudo se niegan a compartir porque todavía están explorando las propiedades del objeto. Interrumpir ese flujo de juego genera una frustración profunda.
3. Del “Turno Forzado” al “Turno Solicitado”
En lugar de imponer el “comparte ahora”, en Meraki sugerimos la técnica del juego autodirigido:
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Validar la propiedad: Si el juguete es suyo, reconócelo. “Veo que no estás listo para prestar tu camión todavía”.
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Fomentar la espera activa: Enséñale al niño que quiere el juguete a preguntar: “¿Me lo prestas cuando termines de jugar?”. Esto le da al primer niño el control sobre cuándo ceder el turno.
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El poder de terminar la tarea: Cuando un niño entrega un juguete porque decidió que ya terminó de usarlo, experimenta el placer real de la generosidad. Esa sensación de bienestar es mucho más poderosa que cualquier orden externa.
4. Estrategias para Modelar la Generosidad
La generosidad no se enseña con sermones, se enseña con el ejemplo:
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Modelaje adulto: Deja que tu hijo te vea compartiendo tu comida, tus herramientas o tu tiempo. Di en voz alta: “Voy a compartir mi bufanda contigo porque hace frío y quiero que estés cómodo”.
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Juguetes “Especiales”: Si van a recibir visitas, permite que tu hijo elija 2 o 3 juguetes muy especiales que se quedarán guardados y no se compartirán. Esto le da seguridad y lo dispone mejor a compartir el resto del espacio.
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Resaltar la emoción: En lugar de decir “buen niño”, di: “Mira la cara de tu amigo, se puso muy feliz cuando le prestaste el bloque”. Esto conecta la acción con la empatía.
5. Guía de Intervención en el Conflicto
Cuando el conflicto estalla, el adulto debe actuar como un mediador, no como un juez:
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Baja a su altura: Mantén la calma para que tu sistema nervioso ayude a regular el de ellos.
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Describe lo que ves: “Parece que ambos quieren el mismo camión azul. Eso es difícil, ¿verdad?”.
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Invita a la solución: Pregúntales: “¿Qué podemos hacer? Solo hay un camión”. Te sorprenderá ver cómo, con el tiempo, ellos mismos proponen turnos o jugar juntos.
Conclusión: La generosidad es una semilla, no una orden
¿Tu hijo no quiere compartir? El respeto a la propiedad individual es el primer paso para entender la propiedad ajena. Un niño que se siente seguro de que sus límites y sus posesiones son respetados, será un niño que, eventualmente, tendrá la seguridad emocional para abrir sus manos y compartir con los demás.
En Meraki École, no buscamos niños que obedezcan órdenes de cortesía, sino niños que sientan la alegría genuina de conectar con otros a través de la generosidad.
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